La luz amarilla de un farol
arruina la noche blanca que da la Luna.
La luz fría de un mercado
deshace el paisaje cálido en el zinc de una casita.
La luz incandescente de un velador
arrolla los reflejos pálidos que entran por la ventana.
La luz neutra de esta orgía
me hace pensar en la oscuridad
dentro
de mi
estómago.
martes, 6 de septiembre de 2016
viernes, 14 de agosto de 2015
René (entre entes) en el tren
"Sí, son unos psicópatas, pero tal vez
yo también quiera adherirme al gremio."
Frederic Lungwitz - Lo insoportable de ser
El subte te da la cálida bienvenida de cientos de personas apretadas, ajustadas bajo presión a un micro-hábitat pseudoasiático.
Subí ayudado, y perjudicado, por el empuje de alguien más (¿Habrá algún gerundio para ésta dicotomía?) quedando contra la pared del fondo forrada de cuerpos humanos.
Recorriendo estos pensamientos, sentí la presencia de alguien atrás, que se removía acomodando sus posesiones; este removerse provocaba un roce homogéneo y constante con mi cola.
Luego un cosquilleo (¿Tanto demoraba la cosa?). El subte había arrancado hace rato, aunque eso creo ahora, porque estaba ocupado en darme cuenta de que no era un toque accidental. La mano se movía más y más y cada vez más abierta y cada vez más dedos; no era una mano, eran dos.
Ante mi pasividad una de las manos intentó bajar (espero levemente) mi pantalón, demasiado ajustado para eso. Desistió rápidamente y, buscando otra alternativa de avance, comienzó a subir bajo mi ropa, acariciando mi costado desnudo para ella, oculto para el resto.
Esta sensación nueva, genuina, despierta mis extremidades dormidas, cuyas manos repelen a las otras dos, alejándolas de mi cuerpo.
Una de esas manos intenta tomar la mía hasta que descubre mis intenciones; movido por un impulso humano, atravieso un cúmulo de personas y me resguardo. A salvo, los miro en un silencioso asombro de sus disociaciones de cara de subte y manos de hotel.
Bajo del subte; ellos bajan.
Temo (¿o deseo?) una persecución: no sucede.
Ya fuera de la estación, sigo sintiendo el contacto físico de esas manos grandes y curtidas.
A veces me pregunto por qué no me dejé tocar un poco más...
Supongo que bajo el nuevo dogma no estaría bien visto.
miércoles, 29 de julio de 2015
Un parto indeseado
Una madre estaba por dar a luz; hasta ese momento, nada había cambiado. Pero cuando la partera logró sacar al bebé, notó algo que, en otras circunstancias, habría sido totalmente normal.
Inmediatamente la partera alegó que el bebé debía ser colocado en una incubadora por una complicación en el parto; ni siquiera dio tiempo a su madre para verlo.
Dejó al niño (o niña) en una sala de emergencias post-parto y se fue a buscar a su superior. Inmediatamente lo llevó a la sala y le dio un informe detallad: presión normal, respiración constante, pero una pequeña anormalidad: el niño había nacido con ropa interior (aparentemente blanca) teñida con la sangre de su propia madre. El hecho inexplicado fue llevado al circulo superior del hospital.
Sin dejarlo trascender más, se le ordenó a la partera anunciar a la madre que su hijo no sería devuelto hasta no superarse cierta anomalía.
Los médicos dejaron sus tareas y comenzaron a elaborar hipótesis para el caso; la consumición accidental de algodón, uso de condones de tela, una operación y la caída del paño para secar la frente del cirujano, supositorios de hilo, etc.
Nada llevaba a una solución clara. Resolvieron investigar directamente al niño. ¿Y si quitarle el calzoncillo le provocara la muerte? Un acostumbramiento tal (desde siempre) a un objeto podría causar una desestabilización, ¿y si no hallaban causa alguna? ¿Sería un misterio adjudicable a Dios (¿Qué clase de milagro era ése?) o se descubriría la farsa? Un caso difícil de develar y que probablemente no volvería a ocurrir.
A la mañana siguiente inventaron un diagnóstico a la madre y le devolvieron el niño sin su ropa interior. la ropa fue quemada y tirada en un contenedor común.
Este niño nunca existió, pero estoy seguro que ningún médico daría a conocer un suceso que pusiera en riesgo su oficio, su estabilidad mental y las leyes que ordenan el mundo.
Inmediatamente la partera alegó que el bebé debía ser colocado en una incubadora por una complicación en el parto; ni siquiera dio tiempo a su madre para verlo.
Dejó al niño (o niña) en una sala de emergencias post-parto y se fue a buscar a su superior. Inmediatamente lo llevó a la sala y le dio un informe detallad: presión normal, respiración constante, pero una pequeña anormalidad: el niño había nacido con ropa interior (aparentemente blanca) teñida con la sangre de su propia madre. El hecho inexplicado fue llevado al circulo superior del hospital.
Sin dejarlo trascender más, se le ordenó a la partera anunciar a la madre que su hijo no sería devuelto hasta no superarse cierta anomalía.
Los médicos dejaron sus tareas y comenzaron a elaborar hipótesis para el caso; la consumición accidental de algodón, uso de condones de tela, una operación y la caída del paño para secar la frente del cirujano, supositorios de hilo, etc.
Nada llevaba a una solución clara. Resolvieron investigar directamente al niño. ¿Y si quitarle el calzoncillo le provocara la muerte? Un acostumbramiento tal (desde siempre) a un objeto podría causar una desestabilización, ¿y si no hallaban causa alguna? ¿Sería un misterio adjudicable a Dios (¿Qué clase de milagro era ése?) o se descubriría la farsa? Un caso difícil de develar y que probablemente no volvería a ocurrir.
A la mañana siguiente inventaron un diagnóstico a la madre y le devolvieron el niño sin su ropa interior. la ropa fue quemada y tirada en un contenedor común.
Este niño nunca existió, pero estoy seguro que ningún médico daría a conocer un suceso que pusiera en riesgo su oficio, su estabilidad mental y las leyes que ordenan el mundo.
Capricho
Quisiera hoy
en este momento
escribir un poema
que lo lleve al llanto.
Y entonces invento
un hombre que muere joven
sin conocer el mar
y entonces creo
una niña sin padres
que no la mandaban
a dormir temprano.
Pero busque, señor lector
que estas cosas no se lloran en los libros
sino en la calle
o en el patio de su casa
mientras riega un clavel
que le da pena
pero usted llora por la niña y el clavel es la niña
aunque las plantas nunca hayan tenido padres
usted ríe
como un tonto
por la ocurrencia
y alimenta su perro
que morirá joven
y nunca lo llevó a San Clemente
porque en el coche se ponía inquieto.
Quizás ahora piense
que el clavel
quiso dormir temprano
y el perro ver el mar
pero es usted el que extraña los veranos en San Clemente
sin perros y sin claveles
donde en las noches
excitado
dormía solo si se lo ordenaban
y el llanto
tan lejano ahora
con un recuerdo que no es suyo
se lo haré llegar
atragantándolo con pan.
en este momento
escribir un poema
que lo lleve al llanto.
Y entonces invento
un hombre que muere joven
sin conocer el mar
y entonces creo
una niña sin padres
que no la mandaban
a dormir temprano.
Pero busque, señor lector
que estas cosas no se lloran en los libros
sino en la calle
o en el patio de su casa
mientras riega un clavel
que le da pena
pero usted llora por la niña y el clavel es la niña
aunque las plantas nunca hayan tenido padres
usted ríe
como un tonto
por la ocurrencia
y alimenta su perro
que morirá joven
y nunca lo llevó a San Clemente
porque en el coche se ponía inquieto.
Quizás ahora piense
que el clavel
quiso dormir temprano
y el perro ver el mar
pero es usted el que extraña los veranos en San Clemente
sin perros y sin claveles
donde en las noches
excitado
dormía solo si se lo ordenaban
y el llanto
tan lejano ahora
con un recuerdo que no es suyo
se lo haré llegar
atragantándolo con pan.
miércoles, 20 de mayo de 2015
Madres privadas
madres mancas por celular
a sus hijos dan abrazos de una sola mano
quedan tuertos de sentimientos
sus dedos se queman
con el acero
de una olla ciega de compasión
madres invidentes
por teléfonos cereblares
tienen que tocar a sus hijos
pero siempre se olvidan
y sus hijos solo aprenden
a mirar con los genitales
madres mudas de cuentos
dan las buenas noches
oscurecen cuartos de niños despiertos
que ya no pueden pesadillar
sueños castrados
y camas secas
madres rengas de avioncitos
madres afónicas de Mambrú
madres paralíticas de mancha
madres mancas por celular
sin upa, sin hamaca
a sus hijos dan abrazos de una sola mano
quedan tuertos de sentimientos
sus dedos se queman
con el acero
de una olla ciega de compasión
madres invidentes
por teléfonos cereblares
tienen que tocar a sus hijos
pero siempre se olvidan
y sus hijos solo aprenden
a mirar con los genitales
madres mudas de cuentos
dan las buenas noches
oscurecen cuartos de niños despiertos
que ya no pueden pesadillar
sueños castrados
y camas secas
madres rengas de avioncitos
madres afónicas de Mambrú
madres paralíticas de mancha
madres mancas por celular
sin upa, sin hamaca
lunes, 23 de marzo de 2015
Escalada en Escalada
Pasaste por Pavón, y no viste ni a los viejos arrancando los jardines de los cordones de la vereda.
Subida al colectivo no miraste a los pibes de la plaza volando boca abajo en sus bicicletas de enanos.
Justo te llegaba un Whatsapp y no viste la fábrica con sus faroles de ladrillos desnudos, paradigma tercermundista que no daña.
Se quedó el cincuenta y uno a medio camino y no te quedó otra que ver un cielo abierto de edificios extinguidos. Y ya no te volvés más, porque entre cielos deshabitados y viejos mañosos, Escalada es patrimonio internacional del silencio.
Te llega otro mensaje, y no viste ése farol que alumbra poco y llora en exceso a los empleados que salen a trabajar en mameluco.
viernes, 23 de enero de 2015
Haciendo tiempo
Destapo la gaseosa y la pajita se me ofrece voluntariosa
gracias a la ley de flotación de Arquímedes (qué manera de empezar un relato,
papá). Tomo, toso (el gas siempre me hace toser), sigo tomando, enciendo un
cigarrillo con dificultad; con una misma mano sostengo la botella y el
cigarrillo con la otra el encendedor. La botella se me escapa, arqueo la
espalda para sostenerla con la pelvis. Acciono el encendedor y el tabaco
enciende al tercer intento (la brisa no siempre es agradable), pero la botella
se me cae, la levanto.
Doy una pitada. Otra.
Vuelvo a destapar la gaseosa y para
eso me pongo el cigarrillo en la boca (humo en los ojos), se me vuelve a
ofrecer la pajita (¿Arquímedes era?). La sostengo con un dedo contra la boca de
la botella y me saco el cigarrillo de la boca (mía). Sorbo con un gesto algo
desagradable: el gusto a cigarrillo se mezcla con la bebida. La tapo, más humo
en los ojos, pero ya está.
Miro a un lado y al otro en busca
del origen de una risa (¿se mofarán de mí?). No entendí de qué hablaban, seguro
no de mí. Creo.
Aparece mi novia, la beso (o ella
me besa a mí, también es válido): "Qué olor a cigarrillo...",
"¿Querés pomelo?", "No gracias".
Empezamos a caminar, tiro el pucho
adelante para pisarlo, el viento me gambetea, me paro, vuelvo para pisarlo, la
chica no me espera, troto, la alcanzo.
-¿A dónde vamos?
-Hoy estoy medio cansado...
martes, 30 de diciembre de 2014
Siesta
Dormitaba- pero sin
(en ningún momento) dormirse, con sus brazos rodeando sus rodillas, y a su vez,
su cabeza reposando sobre éstas, con los parpados semiabiertos, semicerrados,
pelo en la cara- en una caja.
Unos pasos- de pies
pesados, con garras que se escuchan al moverse, con plumas que tiemblan al
desplazarse- se acercan a él.
-¿Qué haces- pregunta con un graznido, que intentaba ser leve,
pero que a veces hiere igual, siendo más regaño que incertidumbre- en esa caja?
-Los gatos- dice, con voz tenue, el cuestionado, el felino,
sin cambiar de expresión, igual de adormecido- preferimos las cajas para
dormir.
El hombre-cuervo-
mitad conmovido, mitad enojado (pero falsamente, haciéndolo notar, sin que ello
le moleste), colocando dos manos en sus rodillas para la acción, con un ligero
esfuerzo de adormecido- se pone en cuclillas para mirarlo a los ojos.
-¿Y eso – interroga el plumífero, garrado, garrido, dudando,
sin moverse casi (al igual que el otro, congelando la imagen por momentos)- por
qué?
- Porque nosotros no necesitamos de una superficie cómoda
para estarlo, y eso las cajas lo saben.
El hormiguero
Su
mirada se perdía en el cielorraso corroído por la humedad de la casa, la
humedad de Algunviento.
Una
pluma negra, como de cuervo se desprende de su áspera piel. La brisa decide
llevársela volando hasta la boca de alguien en el suelo, alguien que prefiere
el frío del suelo antes que el caluroso contacto de las sábanas.
-Te vas
a desplumar entero antes que llegue el otoño.
El
silencio le respondió. sabía que lo escuchaba y aún así, callaba.
-¿Sabés?
Si esta misma pluma viene a mí en la calle, yo me la saco de encima y sigo
caminando.- dejó un espacio de silencio para ver si el comentario generaba
algún tipo de respuesta en el cuervo-humano.- Pero el que sea tuya cambia las
cosas. Lo mismo pasa con los cigarrillos y los caramelos; son todos exactamente
iguales: uno los puede perder y al comprar el siguiente paquete lo olvida.
Un
ventilador oscila en alguna otra pieza y la luz lentamente comienza a bajar,
delatada por unos finos hilos de luz que entran por la ventana y comienzan a
subir.
-En ese
sentido compadezco a las hormigas; cualquiera de ellas es perfectamente
reemplazable, cuando entran al hormiguero es imposible saber si vuelven a
salir; no se las puede distinguir del resto ni ponerles correa para
diferenciarlas...
Su
voz se trabó como queriendo seguir argumentando, pero las palabras ya se le
habían agotado. Calló, agarró la pluma con dos dedos de su mano izquierda y
comenzó a deslizarla suavemente por su propia boca. De repente, de la cama se
escucha una voz:
-Hasta
que encontrás a una que se llama Funes.
-Gracias.
martes, 11 de febrero de 2014
Las cigüeñas de París en la época precolombina
Sé que muy pocos de ustedes se creen ese verso de muchos adultos mayores, que dicen que “ellos hacen el amor para traer hijos al mundo.” Mentiras.
El resto sabemos que a los niños los trae la cigüeña, ya que un proceso instintivo o de amaestramiento (todavía no lo tengo decidido) del animal la hace que cumpla su función vitalicia de distribuir niños desde la FSB (Fábrica Secreta de Bebés) a todas partes del mundo.
Y acá es donde empieza mi investigación; necesitaba saber cómo América era habitada por humanos sin la FSB o cómo enviaban a las aves allí. La realidad es que las cigüeñas sabían exactamente a donde se tenían que dirigir. Por ello, muchos franceses y portugueses se sorprendían al verlas alejarse de la costa con bebé embolsado y, mucho tiempo después, regresar con las patas vacías.
Muchos eran de la opinión de que las cigüeñas que se lanzaban al mar tenían deteriorado su instinto (o disciplina) y al no encontrar ningún ser humano o siquiera un pedazo de tierra, arrojaban a los recién fabricados al mar. Tantos bebés fueron y vinieron (¿Cómo iban las cigüeñas a controlar la tasa de natalidad de América si en la fábrica no se sabía nada de ello?) que los empleados de la FSB tuvieron que empezar a sacrificar animales para contener la ira del pueblo, cuyas mujeres esperaban un hijo que creían se les ahogaba en el mar. Por lo tanto, la iglesia tuvo que emitir un salvoconducto mediante esta hipótesis; “Los bebés que son enviados más allá del mar son hijos del demonio, y por ello las cigüeñas en nombre de Dios los ahogan en agua salada.” Estas palabras tranquilizaron a la turba, aunque no faltó algún anarquista que incendió algo.
Del otro lado del mar, en América, los nativos veían llegar a las cigüeñas del océano sin explicarse cómo esos diminutos seres les regalaban una vida. Las empezaron a divinizar, hicieron cultos, y aún hoy se mantienen en pie unas ruinas en las cuales se ve a una cigüeña de pico desgarrador y a un recién fabricado sostenido con sus garras. Lamentablemente, no me dejaron sacar fotografía alguna (seguramente para que las autoridades puedan seguir haciendo el amor sin ser juzgadas).
El tema que queda en incógnito es ¿A dónde se dirigió la primera cigüeña? ¿Habrá aceptado el mono a un hijo venido de un ave? ¿O se habrán necesitado muchas ocasiones para que uno finalmente cediera? Quizás el sistema de amaestramiento entonces era muy rudimentario, quizás el eslabón perdido haya caído irremediablemente al mar.
jueves, 30 de enero de 2014
Personajes
Niña,
ojos nacieron para ver tus manos jugar.
Y esas películas,
que mostraban a sus personajes perdiendo
su inocencia,
mientras vos la mantenías.
Dedos escandalosos,
con callos de birome,
y esos dibujos a los que te obligaron
llamar letras.
Alborotado cabello,
alisado por un cepillo,
y tus pelos exangües a los que te
obligaron llamar orden.
Triste víspera,
el paso del tiempo,
y los muñecos destrozados en tu cumpleaños.
Mujer,
ojos crecieron para ver tus manos crear.
Y esas películas,
que mostraban a sus personajes perdiendo
su inocencia,
como vos,
llorando por un funeral tardío.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Mr. Sky mira al cielo
Mr. Sky mira al cielo
pensativamente, sabiendo que probablemente iba a tener que responder ese test.
“No se si el test funciona o no, pero de los ocho operarios a los que se lo han
realizado, todos han huido”.
No puede quitarse la imagen del
investigador, que anula toda su motivación. Está melancólico: ¿Qué le diría?
¿Por qué habían huido los demás operarios?
Termina su turno y deja lo que está
haciendo. Nunca le gustó demasiado su
trabajo, era muy sucio y arriesgado. Se dirigió lentamente a la cafetería
sumergido en sus pensamientos. No tenía noción de lo que lo rodeaba, la
preocupación era tal que no le daba margen de réplica.
* * *
El hombre camina por el patio de la
fábrica con toda la vestimenta típica de un investigador; no le molestaba que
lo reconocieran en sus horas de trabajo.
Algo le turba la mirada: “a este
paso jamás conseguiré los resultados a tiempo” piensa. No se podía explicar
semejante pánico por parte de los operarios. “No hay nada inaudito en estas
preguntas.” Recuerda las fotografías de las personas a las que debía
entrevistar “Miradas completamente normales.”
Saca de un bolsillo un cigarrillo y
un encendedor. Luego de varios intentos, enciende el cigarrillo y continúa la
marcha. “Lo mejor será que al próximo le haga el test en alguna celda o
habitación cerrada. Sí, eso tiene que ser lo mejor”. El investigador mordisquea
el filtro del cigarrillo “Voy a hablar con el director”.
* * *
Mr. Sky pensativo.
Mr. Sky frente a un café.
Mr. Sky mira su café y sumerge los
pensamientos en el líquido marrón; “A lo mejor cundió el pánico cuando en
realidad de ningún peligro se trate”.
Mr. Sky sorbe su café.
Mr. Sky se quema con su café. “lo
mejor será hablarlo directamente con el director.” No se molesta en terminar su
bebida y la abandona sobre la mesa de la cafetería. Con paso decidido toma el
pasillo exterior, mira el cielo una vez más, y cuando se disfonía a doblar un
codo de la fábrica choca contra otra persona.
-Lo lamento- se adelanta Mr. Sky antes de saber quién era su receptor.
-No es nada- responde el investigador.
Con nerviosismo Mr. Sky lo reconoce
y duda entre correr en dirección al despacho de su jefe o hacia la salida de la
empresa.
Descubriendo el temor en la mirada
de Mr. Sky, el investigador lo retiene:
-¡No se vaya!
* * *
El investigador camina por la fábrica
extrañado de la repentina soledad de las áreas de trabajo “¡Ah! debe ser el
horario de receso”. Se entretiene pateando una piedra en el camino al despacho
del director. Saca un papel con la lista de personas a entrevistar “gentes de
lo más común” piensa; aún se niega a entender cómo pudieron todos haber huido.
Dobla un codo de la fábrica y
cuando se para a buscar la puerta a la que debía dirigirse, siente cómo alguien
lo empuja desde atrás.
-Perdón- escucha.
Al voltearse recuerda en el operario
un rostro que debía investigar. “De lo más corriente” piensa. Viendo en su cara
miedo, teme que escape:
-¡No se vaya!
El operario da media vuelta y corre
por el pasillo. Intenta alcanzarlo pero éste corre más rápido y pronto lo deja
atrás. “Me despedirán”. En un acceso de desesperación grita:
-¡Atrapen a ese hombre!
De una habitación al oír los ruidos
abren una puerta. El operador no llega esquivarla y su frente da de lleno con
el borde metálico. “esto es peor de lo que imaginé, no solo escapan ocho, si no
que uno también va al hospital.”
* * *
Mr. Sky corre por el pasillo en
dirección a la salida. Escucha que el investigador intenta detenerlo pero ni
piensa en detenerse.
En una fracción de segundo en que
no llega a reaccionar ve frente a él una puerta abriéndose.
“A lo mejor se esparció un temor
infundido”.
Pero era demasiado tarde y ya se
encontraba en el suelo manado sangre de la cabeza y dirigiendo una última
mirada al cielo.
Luego la nada.
Mr. Sky se encuentra en una
habitación de cortinas blancas.
Mr. Sky mira la habitación en la
que se encuentra: las paredes son blancas.
Mr. Sky se libera de los últimos
rastros del sueño, junto con las sábanas blancas en un ademán.
“Maldigo el día en que ese investigador llegó a la fábrica. Lo más probable
sea que me esté esperando fuera.”
Intentando ser lo más silencioso
posible, busca alguien dentro de la sala, o un botón de esos que había visto en
las películas con que se llama a los doctores y enfermeros.
Como nada de eso encontró, prefirió
esperar en silencio antes que verse atosigado por el extraño de las preguntas.
* * *
Informe:
Del total de 10 (diez) trabajadores de la fábrica “Gonzales e hijos” a
los que debía realizar un test, 8 (ocho)
se encuentran desaparecidos, 1 (uno) fue mandada al hospital provocando
la cancelación de las tareas y, por lo tanto, de la indagación al restante.
Comentario personal:
Aún no logro entender que provocó los incidentes ni por qué se habrán negado
los operarios a tan simples preguntas.
Después de todo, no es algo de esperarse de personas tan mundanas, y
esos rostros eran demasiado usuales como para horrorizarse por algo.
El investigador imprime la hoja que
acaba de escribir, enciende un cigarrillo y obliga con la mirada a que la
impresora trabaje más rápido.
Cuando la hoja sale, la toma y sale
de su despacho.
-Con las cosas que uno encontraría en cualquier despacho- siempre se
excusaba.
Recorre pasillos, abre puertas,
baja escaleras hasta que por fin da con la oficina de su superior.
Confiado de que a esa hora todavía
no se retomaba el trabajo en el edificio. Entra sin tocar la puerta, sólo para
encontrarse a su superior leyendo el diario con un plato de ravioles delante y
un tenedor en la mano.
-Adelante, adelante- dice el director irónicamente.
-Discúlpeme usted, pensé que no estaría aún y venía a dejarle un pequeño
informe de la situación de ese temita que estamos tratando.
-¡Ah, sí! ¿Cómo va eso?
-No muy bien, señor: ocho operarios
(todos con un aspecto de lo más estándar), asombrosamente escaparon y uno se
encuentra en el hospital. A éste pienso ir a visitarlo mientras se encuentre
allí.
-Muy bien, muy bien, no pierda tiempo. Vaya ahora mismo.
-Sí, señor.
Adelanta el pie izquierdo y la mano
derecha para estrechársela. El director suelta el tenedor y se la tiende. Dando
media vuelta, el investigador abandona la habitación y se dirige al hospital.
Al llegar lo atiende una
recepcionista muy joven que se notaba aburrida:
-¿Que desea señor?
-Necesito ver a Melomeran Sky.
La recepcionista le pide que repita el nombre y él se lo deletrea. Luego de
varios inconvenientes (el investigador no se decidió si la recepcionista era
medio sorda o lo molestaba por puro aburrimiento), le dijo el número de
habitación y le rogó que guardara silencio en los pasillos.
Mirando hacia los lados con la
sensación de que estaba haciendo algo incorrecto, le investigador entra a la
habitación (de paredes, cortinas y sábanas blancas) donde encuentra a Mr. Sky.
-Señor Sky, ¿Cómo se encuentra?- pregunta el investigador fingiendo
preocupación.- Debo hacerle unas preguntas. Será cuestión de unos minutos.-
-¿No ve que necesito reposar?- el color comienza a subirle a la cara por la
ira.- ¿No ve que estoy acá por su culpa?
-Te entiendo perfectamente, Melomeran (espero que no te moleste si te tuteo). Pero este asunto es de verdadera urgencia y sos el único operario cuyo
paradero conozco realmente.
-Señor…
-Rodrigo, llamame Rodrigo.- Se apuró a completar el investigador
-Señor Rodrigo. ¿No podría esperar hasta mañana para hacerme ese bendito
test?
-Por supuesto que no.- Rodrigo toma asiento.- no me voy a mover hasta que
no respondas estas preguntas.
El investigador sintió como poco a
poco iba acorralando a su víctima.
“Alguien tan ordinario como encontrar pelo en la cabeza.”
-Al menos déjeme ir al baño.
-Te espero.
* * *
A los minutos, un médico entra la
sala de espera y, sin decir palabra, le sujeta con una mano el mentón y con una
pequeña linterna va de un ojo al otro del paciente. Suelta la linterna sobre
una mesa próxima, vuelve hasta la cama y comienza a sacarle el vendaje que
tiene en la frente.
Mr. Sky hasta ese momento no se
había percatado del vendaje en su frente, y mirando al cielo por la ventana de
la sala, pregunta:
-¿Es muy grave doctor?
-Nada que deje marca.- El doctor echa una risita- hoy a la noche le hacemos
unas placas y mañana al mediodía usted está en su casa.
El médico había terminado de sacar
el vendaje y estaba colocando uno nuevo.
-¿Le puedo pedir un favor? – Pregunta nervioso Mr. Sky.
-Dígame
-¿Puede fijarse si en el pasillo se encuentra una persona con un sobretodo
de cuero y un sombrero de copa negro?
El doctor pasa un dedo sobre la
cinta esterilizada que acaba de colocar, y se dirige a la puerta. Abre, mira
hacia un lado, el otro, y la cierra.
-Dos ancianos y una embarazada, nadie amenazante.- El médico parecía haber
tenido un buen día.- ¿Se puede saber por qué?
-Esta persona que le describí.- La voz de Mr. Sky había tomado un tono de
confidencia.- Está buscándome y quiere hacerme algo malo.
“Quizás, verdaderamente no sea para
tanto” pensó. “Aunque más vale sacármelo de encima.”
-No se preocupe. Nadie entra acá sin mi autorización.
-Muchísimas gracias.
El doctor da una palmadita en la
espalda a su paciente y sale de la habitación.
“Por fin solo otra vez.” Mr. Sky
junta sus manos sobre su pecho y piensa en que haría al día siguiente. “Lo más
seguro sea buscar un empleo tranquilo, por menos dinero que me ofrezcan.” Mientras
meditaba el asunto, otra persona abre la puerta y entra a la sala: era el
investigador.
-Señor Sky, ¿Cómo se encuentra?- pregunta el investigador preocupado.- Debo
hacerle unas preguntas. Será cuestión de unos minutos.-
-¿No ve que necesito reposar?- Mr. Sky comienza a enojarse y el color le
sube a la cara.- ¿No ve que estoy acá por su culpa?
Mr. Sky sigue con la cara roja, pero ahora a causa de la vergüenza que le
causo su último comentario.
-Te entiendo perfectamente, Melomeran (espero que no te moleste si te tuteo). Pero este asunto es de verdadera urgencia y sos el único operario cuyo
paradero conozco realmente.
-Señor….- Duda Mr. Sky
-Rodrigo, llamame Rodrigo.- Se apuró a completar el investigador
-Señor Rodrigo. ¿No podría esperar hasta mañana para hacerme ese bendito
test?
-Por supuesto que no.- Rodrigo toma asiento.- no me voy a mover hasta que
no respondas estas preguntas.
Mr. Sky se volvió a sentir
acorralado otra vez frente a ese investigador. Tenía que hacer tiempo a que
regresara el médico.
-Al menos déjeme ir al baño.
-Te espero.
Ya dentro del baño aprovechó para orinar, lavarse las manos, cara,
cuello y, cuando se estaba pasando una toalla (blanca también) por la cara,
escuchó al otro lado de la puerta:
-¿Nosotros nos conocemos?
-¿Quién lo dejó pasar acá?
Era la voz del médico. Mr. Sky
sintió un profundo alivio.
-La recepcionista… Y es el horario de visita…- La voz del investigador
sonaba nerviosa.
-Hágame el favor de retirarse, el paciente necesita descansar. Mañana por
la mañana ya estará en su casa.
-¿Mañana?
El silencio que siguió a
continuación dio a entender que el médico se lamentó por hablar de más.
-Sí, mañana… Y ahora hágame el favor de salir de mi vista.
Se escuchó una puerta al abrirse y
luego al cerrarse. “Ya pasó”. Mr. Sky sale del baño y se encuentra con la
habitación vacía. “Habrán salido juntos.”
* * *
El investigador espera a Mr. Sky,
cuando un médico repentinamente entra a la sala. Su mirada parecía reconocerlo
de algún lugar.
-¿Nosotros nos conocemos?
-¿Quién lo dejó pasar acá?
Al doctor parece no importarle lo
que el investigador tenga para decirle, por lo que intentó excusarse:
-La recepcionista… Y es el horario de visita…- Se está poniendo nervioso.
-Hágame el favor de retirarse, el paciente necesita descansar. Mañana por
la mañana ya estará en su casa.
-¿Mañana?
La perspectiva de que podría
obtener su dirección e ir al otro día directamente a su casa (seguramente de lo
más típica) lo puso contento. El médico parece darse cuenta y su cara lo hace
notar.
-Sí, mañana… Y ahora hágame el favor de salir de mi vista.
Tomando el picaporte y abriendo la
puerta, el médico lo invita a salir. El investigador sale y el doctor cierra
tras de sí.
Fuera del hospital enciende un
cigarrillo “no va a quedar otra alternativa más que esperar hasta mañana.
Sabiendo que Melomeran
probablemente no le abriese si él tocase timbre, el investigador se sienta en
las escalinatas de una casa al otro lado de la calle, vestido de civil.
Pasan las horas y nadie entra o
sale de la casa. “Puede que aún no haya salido del hospital. Aunque no creo, no
se lo veía grave a Mr. Sky.” Enciende un cigarrillo, se levanta de la
escalinata y dobla en la primera calle para tomar el colectivo.
“Gentes de lo más normal”
* * *
Mr. Sky en un asiento, en un avión.
Mr. Sky acomoda un bolso bajo sus
pies.
Mr. Sky mira al cielo
pensativamente, sabiendo que probablemente no volvería a su ciudad natal.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Cuatro piezas para Cuarteto de Maderas
Una composición mía de este año, 2013 para Flauta traversa, Clarinete en Bb, Oboe y Fagot.
Audio de las cuatro piezas (Audio hecho con Finale 2011)
Acá les dejo las partituras:
Partituras de las Cuatro piezas
Para pedir las particellas enviar un mail a hardmeierluca@gmail.com
Audio de las cuatro piezas (Audio hecho con Finale 2011)
Acá les dejo las partituras:
Partituras de las Cuatro piezas
Para pedir las particellas enviar un mail a hardmeierluca@gmail.com
viernes, 28 de junio de 2013
La cima del propio ser
Llegué a creer que lo único que me ataba a la humanidad,
era el pecado de la soberbia.
Llegué a pensar que lo único que necesitaba de los demás,
eran sus alabanzas.
Llegué a buscar otras personas que se me parecieran,
para amarme en otra carne.
Llegué a encerrarme en la soledad orgullosa,
del que cree saberlo todo.
Miré a los ojos de los demás,
y encontré mi reflejo en sus pupilas.
Tuve millones de amigos,
para poder sentir mucha compasión.
¿Y ahora?
Siento nostalgia de todo eso.
Desde que llegaste para socavar mi cielo de seda.
Suave, perfecto, inflamable...
Me desvestí para sentir lo que era el calor,
y me hundieron un atizador en el pecho.
Siento la ausencia de alguien,
profundo...
El problema es que no sé quién es ese alguien.
O si lo hay.
era el pecado de la soberbia.
Llegué a pensar que lo único que necesitaba de los demás,
eran sus alabanzas.
Llegué a buscar otras personas que se me parecieran,
para amarme en otra carne.
Llegué a encerrarme en la soledad orgullosa,
del que cree saberlo todo.
Miré a los ojos de los demás,
y encontré mi reflejo en sus pupilas.
Tuve millones de amigos,
para poder sentir mucha compasión.
¿Y ahora?
Siento nostalgia de todo eso.
Desde que llegaste para socavar mi cielo de seda.
Suave, perfecto, inflamable...
Me desvestí para sentir lo que era el calor,
y me hundieron un atizador en el pecho.
Siento la ausencia de alguien,
profundo...
El problema es que no sé quién es ese alguien.
O si lo hay.
jueves, 6 de junio de 2013
Ostinato
El sonido de un mouse cliqueando incesantemente; dos clics - pausa- dos clics- pausa...-
Día nublado, aunque no por eso una excepción. La resolana se atenúa por gruesas cortinas sintéticas que cuelgan hasta casi rozar el suelo.
Ningún otro ruido, ningún otro sonido; tan solo los dos clics y la pausa y los dos clics y la pausa que se repiten infinitamente.
Un adulto- o un niño, dependiendo el siglo en que esto esté leido- de ojos irritados y boca abierta. Tiene la mirada fija en un monitor. Dentro de él una ventana con las tres opciones: "Piedra", "Papel" y "Tijeras".
El cursor se mueve hasta la opción "Tijeras". Automaticamente el programa lanza una respuesta al azar: "Tijeras". Y luego otro cartel "Empate: ¿Desea volver a jugar?".
El cursor se mueve hasta el "sí".
Dos clics - pausa- dos clics- pausa...-
Quizás siga hasta la hora de la comida.
Y si bien es imposible escribir más de una frase a la vez, durante todo momento del relato se deberá imaginar los dos clics y las pausas, y aún cuando dé vuelta la página de este libro, lo cierre, o esté trabajando en su propia rutina.
Día nublado, aunque no por eso una excepción. La resolana se atenúa por gruesas cortinas sintéticas que cuelgan hasta casi rozar el suelo.
Ningún otro ruido, ningún otro sonido; tan solo los dos clics y la pausa y los dos clics y la pausa que se repiten infinitamente.
Un adulto- o un niño, dependiendo el siglo en que esto esté leido- de ojos irritados y boca abierta. Tiene la mirada fija en un monitor. Dentro de él una ventana con las tres opciones: "Piedra", "Papel" y "Tijeras".
El cursor se mueve hasta la opción "Tijeras". Automaticamente el programa lanza una respuesta al azar: "Tijeras". Y luego otro cartel "Empate: ¿Desea volver a jugar?".
El cursor se mueve hasta el "sí".
Dos clics - pausa- dos clics- pausa...-
Quizás siga hasta la hora de la comida.
Y si bien es imposible escribir más de una frase a la vez, durante todo momento del relato se deberá imaginar los dos clics y las pausas, y aún cuando dé vuelta la página de este libro, lo cierre, o esté trabajando en su propia rutina.
martes, 16 de abril de 2013
Si fumo
Tabaco, tabaco, tabaco
una bocanada que merma tu vida
jeringa entre dos dedos
Si fumo este cigarrillo
su estela se perderá adentro mío
pero las hojas que besan el filtro
no son lo mismo
Las colillas sembradas en el pavimento
caricias del viento les dan un latido a su alma
fríamente, indiferentemente
El plomo caliente hace arder
una bocanada que merma tu vida
jeringa entre dos dedos
Si fumo este cigarrillo
su estela se perderá adentro mío
pero las hojas que besan el filtro
no son lo mismo
Las colillas sembradas en el pavimento
caricias del viento les dan un latido a su alma
fríamente, indiferentemente
El plomo caliente hace arder
las hojas que besan el filtro
que esperan para morir; nada las atraviesa
Si acuno droga en este papelillo,
las hojas primeras en caer
sabrán de su destino ardiente y sin aliento
Y no hay nada peor que arder sin aliento...
arderse, consumirse, desaparecerse
sin esa bocanada que drene su vida.
que esperan para morir; nada las atraviesa
Si acuno droga en este papelillo,
las hojas primeras en caer
sabrán de su destino ardiente y sin aliento
Y no hay nada peor que arder sin aliento...
arderse, consumirse, desaparecerse
sin esa bocanada que drene su vida.
jueves, 21 de marzo de 2013
Escena en blanco
Me gustaría decir que mi madre murió al darme a luz, y que mi padre no me crió, que me dejo a merced de la vida mientras el nadaba en llanto y alcohol.
Me gustaría decir que mis hermanos abusaban de mí, me violaban, que de chica era gorda y nadie se me acercaba en el colegio, que escapaba llorando de las clases.
Diría: "¡Ustedes no saben lo que es vivir mi vida, ponerse en mi lugar!". Podría alegar: "Nadie acá conoce el frío de las calles cuando te tenés que levantar temprano a hurgar en la basura." o "Alguna vez quise tener un amigo..."
Nada de eso pasó y tengo ante mí muertes de las que me hago responsable. Por eso ahora, aún con el arma caliente en mis manos, no encuentro justificativo para lo que hice.
lunes, 18 de marzo de 2013
Anhelo
Pido perdón, ante todo, por esta terrible pérdida de tiempo. Usted quizás ni siquiera se lo plantee, lo estime, lo vea necesario.
Tampoco me tema, nuestra raza no es tan hostil como se hace ver en leyendas, simplemente tenemos hambre. Pero en mi caso hay otra cosa que me incomoda,que me deja inquieto. Cada vez que voy a buscar una víctima a su hogar, y después de vaciarla por completo, suelo encontrarme frente a un espejo. ¡Criaturas ególatras! sus cadáveres sangrantes lucen perfectos en el reflejo del aluminio, mientras que yo, aún sosteniendo sus cuerpos, veo sus figuras suspendidas.
¡Nunca podré conocer algo tan simple y cercano como yo mismo! Recuerdo a mi padre, a mi madre, y reconstruyo mi imagen a través de ellos. Paso horas tocándome el rostro, preguntando por los detalles en mi piel, buscando alguna sombra en el reflejo de mi copa.
Una de mis últimas vícitimas fue una niña pecosa... ¿Tendré pecas? Su mirada de narcótica muerte me embelesó.
Al instante me produjo ira; comencé a rasgar la delicada imagen, el pecoso rostro refractario que no tardó en descascararse dejando florecer la sangre de sus pómulos.
Un charco de sangre inundó el suelo; persiana baja, encendí las luces. En el rojo fluido vi el reflejo de un ventilador de techo, un avión de papel y las mohosas paredes del rincón. Me acerqué hasta que mi nariz casi rozó el líquido, cada vez más opaco que empezaba a coagularse. Sólo se que mis ojos se vuelven más oscuros cuando lloro, o al menos eso dicen de mí.
A veces siento el impulso de desollarme el rostro, pero al instante caigo en que solo podría ver una capa deformada de lo que ya no sería.
viernes, 11 de enero de 2013
Descanso
Se sorprendió despertándose con los ojos desorbitados que observaban los surcos del cielo raso.
Manchas de hongos que plagaban las esquinas del techo, a través de infinitas grietas que dejaban pasar agua de lluvia. La persiana estaba levantada, pero no podía guiarse por la luz del sol, ya que estaba demasiado nublado como para adivinar hace cuanto tiempo dormía. Tampoco tenía reloj, hacía mucho había tomado la decisión de dormir lo que necesitara, y no comenzar a hacer cálculos de horas dormidas y tiempos de siesta y madrugadas de insomnio.
Percibía sus sábanas, desteñidas de usar tanta lavandina, con una agujero a los pies, que
Se volvieron a despegar sus parpados en una oscuridad absoluta.
No podía imaginarse como estaba acostado; apenas podía percibir la diferencia entre estar dormido y despierto, en una oscuridad que iluminaría la estrella más lejana.
Sin embargo hadas blancas se paseaban frente a sus ojos, de algún recuerdo de cristales limpíos. Cada vez los dibujos se multiplican y, en algún momento, se transformaron lentamente en sueños.
Sus ojos dejaron, de a poco, que la luz entrara.
Recostado boca arriba, con apenas fuerza para girar la cabeza. Vio los rayos de sol que atravesaban la persiana baja e imprimían su imagen del lado donde él se encontraba. Vio la pared, con sus líneas amarillentas de luminosidad y quiso levantar una mano para tocarla. La luz se iba...
Sintió estar despierto, pero no abrió los ojos.
Simplemente tenía tanto sueño que le bastó con saber que aún se encontraba en su casa, entre sus paredes. Que todavía algún auto se destrozaba en los adoquines, y que por sus párpados aún corría sangre.
Miró su habitación a través de un ojo.
Todo se veía acomodado; se había prometido ordenarla la última vez que se acostó en su cama. La persiana estaba baja otra vez y una luz blanca casi muerta...
Despertó.
Sintió.
Escuchó.
Vislumbró.
Miró.
El ruido de alguna bomba lo sobresaltó e hizo que se incorporara de un salto; había dormido miles de años
olvidando el poder que le había dado al hombre.
Manchas de hongos que plagaban las esquinas del techo, a través de infinitas grietas que dejaban pasar agua de lluvia. La persiana estaba levantada, pero no podía guiarse por la luz del sol, ya que estaba demasiado nublado como para adivinar hace cuanto tiempo dormía. Tampoco tenía reloj, hacía mucho había tomado la decisión de dormir lo que necesitara, y no comenzar a hacer cálculos de horas dormidas y tiempos de siesta y madrugadas de insomnio.
Percibía sus sábanas, desteñidas de usar tanta lavandina, con una agujero a los pies, que
Se volvieron a despegar sus parpados en una oscuridad absoluta.
No podía imaginarse como estaba acostado; apenas podía percibir la diferencia entre estar dormido y despierto, en una oscuridad que iluminaría la estrella más lejana.
Sin embargo hadas blancas se paseaban frente a sus ojos, de algún recuerdo de cristales limpíos. Cada vez los dibujos se multiplican y, en algún momento, se transformaron lentamente en sueños.
Sus ojos dejaron, de a poco, que la luz entrara.
Recostado boca arriba, con apenas fuerza para girar la cabeza. Vio los rayos de sol que atravesaban la persiana baja e imprimían su imagen del lado donde él se encontraba. Vio la pared, con sus líneas amarillentas de luminosidad y quiso levantar una mano para tocarla. La luz se iba...
Sintió estar despierto, pero no abrió los ojos.
Simplemente tenía tanto sueño que le bastó con saber que aún se encontraba en su casa, entre sus paredes. Que todavía algún auto se destrozaba en los adoquines, y que por sus párpados aún corría sangre.
Miró su habitación a través de un ojo.
Todo se veía acomodado; se había prometido ordenarla la última vez que se acostó en su cama. La persiana estaba baja otra vez y una luz blanca casi muerta...
Despertó.
Sintió.
Escuchó.
Vislumbró.
Miró.
El ruido de alguna bomba lo sobresaltó e hizo que se incorporara de un salto; había dormido miles de años
olvidando el poder que le había dado al hombre.
lunes, 15 de octubre de 2012
Tía mi
Mi tía está flaquita
está chiquita
tiene un tumor
en el páncreas
tiene
afilados los huesos de las muñecas
afilados los huesos del pecho
afilados los huesos del codo
mi tía está flaquita
tiene un tumor chiquitito
come poco
duerme poco
ríe poco
era gorda
quería estar flaca
está flaca
quiere estar gorda
el tumor está chiquito
tiene hambre
mi tía no come
el tumor se enoja
come poco
duerme poco
duele mucho
le falta el cabello
se le cae de a mechones
mi tía está flaquita
y no se come ni los mechones de pelo
que se le caen y los tira a la basura
mi tía está chiquita
el tumor está chiquito
ella está flaquita
el tumor está engordando
le gusta
merendar
cenar
almorzar
desayunar
Es un bebé sano.
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