miércoles, 9 de marzo de 2011

Cuchillos de colores.

Nuevas tristes sobras grises.
No mas mares  violáceos,
no mas astillas de truenos.
Las casas aúllan,
                                      Todo tiene un origen
las camas tapan a los jabalíes tormentosos,
solo caminar me otorgaría el resplandor.
De noche juego a que la vida me regala cuchillos,
malabares que curten mis manos.
Una poción que me alargaría la espera.
                                                                  De verte llegar.
A mi lado solo un gruñir, de pétalos de rosas, mientras que uno por uno voy desangrando la flor;
"¿Me quiere?" el polen se enceguece por el sol. "¿No me quiere?" La mutilación deja a la rosa calva y a un corazón lleno de espinas.

Sola

sábado, 5 de marzo de 2011

Derrota.

Aullando como dentro de un infierno forestal,
bajo un halo de tela verde.
                                                    Grito,
     me corrompo

Emerjo del pantano
e interrumpo el hacer el amor de cuatro seres hermafroditas
y bailo una danza de resignacion
donde frases y poemas
se lanzan desde acantilados;
sus cadáveres son enterrados por el viento.


Entre los cinco cantamos loas a la luna llena;
que es invisible, que no existe.
Un cuerpo sin vida que desnudo está, desposeído.
Figuras negras pueblan las fronteras:
tienen  la palabra humillación escrita en sus rostros.



Dedicado a los que me leen y a mi blog, que cumple hoy 2 años, 3 meses y 26 días.

martes, 1 de marzo de 2011

Elogio de la Dificultad

Hay libros arduos cuya lectura se parece a un martirio. Conquistarlos, sin
embargo, depara la felicidad de las victorias secretas.

Cada vez que se habla de lectura, maestros, escritores y editores se apresuran a
levantar las banderas del hedonismo, como si debieran defenderse de una acusación
de solemnidad, y tratan de convencer a generaciones de adolescentes desconfiados y
adultos entregados a la televisión de que leer es puro placer. Interrogados en
suplementos y entrevistas hablan como si ningún libro, y mucho menos los clásicos,
desde Don Quijote a Moby Dick, desde Macbeth a Facundo, les hubiera opuesto
nunca resistencia y como si fuera no sólo sencillo llegar a la mayor intimidad con ellos,
sino además, un goce perpetuo al que vuelven todas las noches.
La posición hedonista es, por supuesto, simpática, fácil de defender y muy
recomendable para mesas redondas porque uno puede citar de su parte a Borges:
“Soy un lector hedónico: jamás consentí que mi sentimiento del deber interviniera en
afición tan personal como la adquisición de libros, ni probé fortuna dos veces con autor
intratable, eludiendo un libro anterior con un libro nuevo…”
Y bien, yo me propongo aquí la defensa más ingrata de los libros difíciles y de la
dificultad en la lectura. No por un afán especial de contradicción, sino porque me
parece justo reconocer que también muchas veces en mi vida la lectura se pareció al
montañismo, a la lucha cuerpo a cuerpo y a las carreras de fondo, todas actividades
muy saludables y a su manera placenteras para quienes las practican, pero que
requieren, convengamos, algún esfuerzo y transpiración. Aunque quizá sea otro deporte, el tenis, el que da una analogía más precisa con lo que ocurre en la lectura.
El tenis tiene la particular ambivalencia de que es un juego extraordinario cuando los
dos contrincantes son buenos jugadores, pero se vuelve patéticamente aburrido si uno
de ellos es un novato, y no alcanza a devolver ninguna pelota. Las teorías de la lectura
creen decir algo cuando sostienen el lugar común tan extendido de que es el lector
quien completa la obra literaria. Pero un lector puede simplemente no estar preparado
para enfrentar a un determinado autor y deambulará entonces por la cancha
recibiendo pelotazo tras pelotazo, sin entender demasiado lo que pasa. La versión que
logre asimilar de lo leído será obviamente pálida, incompleta, incluso equivocada. Si
esto parece un poco elitista basta pensar que suele ocurrir también exactamente a la
inversa, cuando un lector demasiado imaginativo o un académico entusiasta lanza
sobre el texto, como tiros rasantes, conexiones, interpretaciones e influencias en las
que el pobre escritor nunca hubiera pensado.
En todo caso la literatura, como cualquier deporte, o como cualquier disciplina
del conocimiento, requiere entrenamiento, aprendizajes, iniciaciones, concentración.
La primera dificultad es que leer, para bien o para mal, es leer mucho. Es razonable la
desconfianza de los adolescentes cuando se los incita a leer aunque sea un libro.
Proceden con la prudencia instintiva de aquel niño de Simone de Beauvoir que se
resistía a aprender la “a” porque sabía que después querrían enseñarle la “b”, la “c” y
toda la literatura y la gramática francesa. Pero es así: los libros, aún en su desorden,
forman escaleras y niveles que no pueden saltearse de cualquier manera. Y sobre
todo, sólo en la comparación de libro con libro, en las alianzas y oposiciones entre
autor y autor, en la variación de géneros y literaturas, en la práctica permanente de la
apropiación y el rechazo, puede uno darse un criterio propio de valoración, liberarse de
cánones y autoridades y encontrar la parte que hará propia y más querida de la
literatura.
La segunda dificultad de la lectura es, justamente, quebrar ese criterio;
confrontarlo con obras y autores que uno siente en principio más lejanos, exponerse a
literaturas antagónicas, impedir que las preferencias cristalicen en prejuicios, mantener
un espíritu curioso. Y son justamente los libros difíciles los que extienden nuestra idea
de lo que es valioso. Son esos libros que uno está tentado a soltar y sin embargo
presiente que si no llega al final se habrá perdido algo importante. Son esos libros
contra los que uno puede estrellarse la primera vez y sin embargo misteriosamente
vuelve. Son a veces carromatos pesados y crujientes que se arrastran como tortugas.
Son libros que uno lee con protestas silenciosas, con incomprensiones, con
extrañezas, con la tentación de saltear páginas. No creo que sea exactamente un
sentimiento del deber, como ironiza Borges, lo que nos anima a enfrentarnos con ellos,
e incluso a terminarlos, sino el mismo mecanismo que lleva a un niño a pulsar “enter”
en su computadora para acceder al siguiente nivel de un juego fascinante. Ellos no
ocultan su orgullo cuando se vuelven diestros en juegos complicados ni los
montañistas se avergüenzan de su atracción por las cumbres más altas.
Hay una última dificultad en la lectura, como una enfermedad terminal y
melancólica, que señala Arlt en una de sus aguafuertes: la sensación de haber leído
demasiado, la de abrir libro tras libro y repetirse al pasar las páginas: pero esto ya lo
sé, esto ya lo sé. Los libros difíciles tienen la piedad de mostrarnos cuánto nos falta.

Guillermo Martínez
Clarín, 24 de abril del 2001, Suplemento de Cultura.

(Me gustaría agregar, sin ahondar demasiado en un tema que tan bien explicado está, que asi como el escritor se refiere a los libros, pasara muy seguramente con CDs, Cuadros u otras expresiones artísticas).

lunes, 28 de febrero de 2011

Oh, cariñosa doncella,
alimenta la bestia de mi ego,
quién procreará un hijo
que me arrastrará hasta un acantilado
y arrojará mi cuerpo mutilado.

domingo, 27 de febrero de 2011

-¿Dónde estás?
-En ningun lugar, y en todos.
-¿Todos?
-La musica me lo dijo.
-¿Con quién estás?
-Estoy solo.

lunes, 21 de febrero de 2011

Bosque de cactus

Fue ésa la primera vez,
recuerdos de una pantalla.
Te movías como una preciosa flor,
pero con polen de algo más.

Deshojé, el curioso ser
y me agarro por el cuello.
Lejos de la tierra y tan cerca del suelo,
esperando el vómito de las estrellas.

Un tallo de un verde violento,
sus raíces dentro de mi espalda.
Una triste forma de amor,
que acaba en un vuelo anhelado.

La mancha no sale de la pared,
(grita a veces por las noches)
Bosque de cactus puraespina,
sirena de ciudad.

domingo, 13 de febrero de 2011

Dos relaciones del Flaco Spinetta: Piazolla y Ceratti

Piazolla hablando de Spinetta y el rock.

- La gente del rock te admira, pero vos parece que los ignorás...
- ¿De qué gente me hablás? ¿Quienes me admiran?… Por favor...
Salvo el pibe Aznar y Spinetta, los demás creo que me huyen, como tantos otros...
- Vos no te acercás a ellos tampoco...
- Con qué tiempo... Me río cuando me llaman maestro…
Yo solo tengo tiempo para mi música y no me alcanzan las 24 horas, me da bronca cuando duermo.
No tengo ni tiempo ni paciencia para enseñar nada, pero si me preguntaran con gusto les aconsejaría maestros en serio y que ejercen: Gandini, Schneider, Ziegler, Pane, Malvicino, Suarez Paz; ellos saben en serio enseñar.
- ¿Y la experiencia con Spinetta?
- Fue bárbara. Pero tenemos dos mundos diferentes.
El "Flaco" es un fenómeno como cantautor y yo soy sólo un músico.
Siempre me costó entender la poesía cantada.
Soy de los que creen que la poesía tiene su propia música y la música su propia poesía.
Laura me lee las canciones de Silvio Rodríguez o del "Flaco" y me parecen bárbaras, y ellos le ponen una música apropiada a lo que crean. Buscan la belleza en esa conjunción.
Spinetta es uno de los tipos más honestos que conocí en nuestro medio, como Jairo, otro fenómeno de tipo.
- Pero en el rock hay muchos músicos tambien, que se ganaron a todos los pibes, al revés del tango que los pateó...
- Lo que más me molesta de los rockeros argentinos es su falta de inquietudes.
Dicen que hacen fusión… ¿de qué? No alcanza con que Charly García le ponga nombre de tango a sus discos, eso no es fusión, no es nada. Que tomen el ejemplo de Queen, Pat Metheny, Sting, Emerson, Lake & Palmer.
Este Keith Emerson es un tipo de conservatorio, un pianista de nivel mundial.
Sting fue a golpear la puerta de Evans. Hay muchos así, están podridos de tocar siempre lo mismo.
Ojo que al rock de otros lados le está pasando lo mismo, como pasaba con el tango del ´40. Yo estaba ahí. Nadie aceptaba cambiar nada.
En el ´39 cuando entré a la orquesta de Troilo y hacía los arreglos, no es cierto que el gordo me tachaba cosas… la gente en realidad no lo aceptaba. Yo tachaba... Al rock me parece que le pasa lo mismo.
En Londres vino al camarín despues de una actuación el guitarrista de Genesis y se puso a charlar con Lopez Ruiz, que me decía que era un fenómeno.
Fuimos a cenar y él mismo me dijo que hacía 10 años que tocaba lo mismo y creía que la desvinculación de los Beatles en buena parte se debía a lo mismo y rescataba a Harrison como el que más buscaba las fusiones para salir de ese cuarto encerrado del éxito.
Yo le conté lo que me había pasado a los 19 años.
Fuí a ver al Colón con mi viejo a Arturo Rubinstein que se había instalado en Buenos Aires. Quedé deslumbrado. En una semana escribí una especie de sonata y se la llevé a la casa, de caradura absolutamente. Me recibió bárbaro, estaba morfando tallarines y cuando terminó me dijo: "deme lo que escribió" y se puso a tocarla al piano. Era una reverenda porquería y yo estaba colorado como un tomate.
Terminó, me miró fieramente, pero con mucha ternura me preguntó si quería ser músico.
Le contesté que sí naturalmente. Entonces me dijo muy simplemente: "póngase a estudiar"
Y ahí nomás me dió la dirección de Castro que no tenía alumnos y que me recomendó a Ginastera y aunque parezca mentira, fuí el primer alumno de ese monstruo.
- ¿De Argentina no rescatás nada más que a Spinetta?
- ¿Vos querés que tenga más enemigos de los que tengo?
No conozco, che. No tengo tiempo para escuchar nada más que a la pasada, me baso más que nada en lo que me comentan mis músicos. Yo estoy mucho más cerca de hacer rock que ellos de hacer tango, están lejos de todo.
Los pibes critican a los tangueros por ser cerrados y tienen razón, pero ellos tampoco zapan con nadie, tendrían que fijarse en los brasileños que hacen una cruza fenomenal con todo el mundo y buscan salir de la mediocridad.
Se nutren entre ellos y con todo lo bueno que venga de afuera.
En mis recitales en Brasil hay siempre, al menos 20 músicos que vienen a escuchar.
En Argentina, sólo algunos del tango. Me gusta lo que está haciendo Lito Vitale que se sacó de encima ese rock sin alma.
Lo estoy siguiendo. Zapa con todo el mundo y no deja de intentar cosas nuevas. Eso es auténtica fusión.
- ¿Estuviste con Yupanqui alguna vez?
- Sí, dos veces. Una me lo crucé en la calle en París y él me vino a saludar. Sinceramente me quedé helado, no supe que decirle.
Era como toparme con San Martín. No me salía una palabra. Lo mismo me había pasado hacía muchos años en Nueva York cuando me presentaron a Stravinsky, igual me quedé mudo, yo sólo quería mostrarle mi admiración y decirle que mi primer estudio con Ginastera fue la Consagración de la Primavera.
Nada, che; el viejo me invitó a su casa y yo tardé como dos semanas en aceptar, a pesar que vivía muy cerca.
Me animó Jairo y fuimos.
Empezamos a matear y yo seguía sin poder emitir palabra, porque cada comentario que hacía eran sentencias de tres frases tan redondas que me parecía grosero responder. Hasta que la mujer, que era reculta y macanuda, se acercó con el mate y por abajo me dijo: "Ataque con todo que a él solo le gusta el silencio de la montaña, pero no el de las personas"Menos mal que el viejo era fana de Ravel y de Bartok y por allí encontramos la charla de más de cuatro horas y me sorprendió sus conocimientos musicales, sobre todo de armonía, aunque a cada frase me pedía disculpas por su ignorancia y me decía que envidiaba mis conocimientos.
Cuando hablamos del bandoneón, me dijo que su único placer era escucharlo al viejo Isaco Abitbol cuando viajaba por Santa Fé. Casi se muere de la alegría cuando le dije que nosotros ibamos con el gordo Troilo a verlo cuando nos ibamos de pesca…

Spinetta hablando de Piazolla


- ¿Lo conociste personalmente a Piazzolla?
- Sí, pero no tuve una excelente relación con él... Piazzolla fue muy duro con nosotros porque, para él, eramos todos "orejeros"
"Spinetta se dispersó como las aspas de un molino de viento" dijo una vez. Que al principio pintaba bien, pero después me había ido a cualquier parte.
Quizás haya algo de cierto en sus declaraciones, pero por más que haya dicho cualquier cosa de mí, yo siempre lo admiré.
Una vez me invitó a tocar, después de todo eso.
Ahí tuve la necesidad de aclararle telefónicamente que realmente no me sentía como para estar al lado de él en un escenario, porque yo no sé escribir ni leer música. La sola idea de estar con él en un concierto me hubiera paralizado...
Me lo perdí...
Aún así, considero que su trabajo es monumental y su música realmente me ha inspirado muchísimas veces.
Piazzolla es un lujo, lo que ha hecho es imperecedero...

Poema de Spinetta dedicado a Ceratti en estos días:


142fc496eac1104b24ae30fdcb1cffa1Luis Alberto Spinetta le compuso un poema a su amigo y colega Gustavo Cerati para darle ánimo. La poesía fue publicada en el sitio oficial del Cerati, quien permanece internado en la Clínica Alcla, recuperándose del accidente cerebrovascular que sufrió tras un recital en Venezuela.
Estos son los versos que el Flaco le dedicó a Gustavo: 



Dios Guardián Cristalino de guitarras
que ahora más tristes penden y esperan
de tus manos la palabra
Precipitándome a lo insondable
tus caricias me despiertan a la vez
en un mundo diferente al de recién...
Tu luz es muy fuerte
es iridiscente y altamente psicodélica
Te encuentro cuando el sol abre una hendija
que genera notas sobre la pared sombreada
Y suena tu música en la pantalla
sos el ángel inquieto que sobrevuela
la ciudad de la furia
Comprendemos todo
tu voz nos advierte la verdad
Tu voz más linda que nunca

Luis Alberto Spinetta

viernes, 11 de febrero de 2011

Editor de mentiras.

A el pontífice inexacto.


Desleal a un mapa terrestre,
Marcando profundas huellas de la no-existencia,
Rastros de garras en poéticas figuras,
Sumergido en un magma de placer.

Jamás abandonar la guarida,

Pulso firme sobre monitores explotados,
arranca ojos de sus aliados para hacerles el amor.

Orgasmos y lucidez,
crea sus propias marionetas para el mosaico,
corre por laberintos de viento petrificado.

En su cementerio, solo unos segundos me bastan para abandonarlo.
Ser repulsivo que vomitas tumbas sin nombre, profanándolas y escondiéndolas para tus necrofílicas experiencias.
El sol de la tarde se tiñe del color de los ojos de sus muertos, lágrimas coaguladas sobre su vientre enceguece mi pálido pájaro
y abandono estos escritos por temor a desprender su mirada, en un ego que lo derrumbe, que nos destruya a todos...

lunes, 7 de febrero de 2011

Cura para el pánico

Y esa figura imponente detrás de la neblina, a la distancia, como una fantasmagoría o un recuerdo de algo que logró huir. Rasguñando el cielo con hilos negros, faros logran darle una expresión antinatural detrás de los abetos.
 Si en algún momento,
 en algún lugar,
se encontrara la cura para la incomodidad,
los horrores se tornarían temprano,
Una flor,
Y esa montaña otra vez sobre el horizonte que me hace volver a la prosa. La lluvia dorada atormenta mi costado aún detrás del vidrio. ¿Qué hacen esas varas en el medio del desierto? Y la montaña, en un efecto lunar, nunca parece desaparecer de ese mismo lugar. Arbustos cada vez más bajos hasta parecer un triste desierto, aunque unos arcos plateados.
Si en algún momento,
En algún lugar,
Se encontrara la cura para la vergüenza,
Los horrores se tornarían temprano.
Un arbusto,
Y la montaña que no desaparece, en su bello camuflaje con el cielo de agua. Cubos sólidos nacen del suelo y contaminan la pureza del cosmos. Una ola surca el cielo ¿Pensaste que podría ser de mar? Un barro gris emerge del suelo, solo atisbo a ver un clavel del aire.
Si en algún momento,
En algún lugar,
Se encontrara la cura para el pánico,
Los humanoides terrestres no encontrarían fin,
Un desierto,
Y la ciudad, que ya no nos deja ver la montaña.