domingo, 1 de abril de 2012

Paisaje

Te veo en el brillo de un frasco,
tu alma, esencia.
Yo estuve en tu casa,
y vos te ibas en una música.

Estoy obligado a verte,
en el lago de mi techo.
Yo acaricié tu piel,
cuando te perdías en un sueño.

Me encuentro en mi cama,
y no quiero hacer más nada.
Yo pensé en vos,
mientras jugabas en el jardín.

Ahora estás frente a mí, conmigo,
no se que hacer con este paisaje.
Yo te contemplé,
yo vos esperabas que te tome.

martes, 20 de marzo de 2012

Sé que no es eso

  Todos desaparecieron, como si en medio de sus acciones hubiesen decidido echarse a volar lejos y hacerse invisibles.
  Sin embargo un hombre sigue aquí, en el mundo desierto, en su cocina, mirando los platos sin lavar en la mesada.
  Siente ganas de orinar. Se levanta del banco donde está sentado y se dirige al baño; toca a la puerta y entra.

Es más que éso

  Llovía. Llovía incansablemente. Las plantas se desprendían del suelo blando e iban a para a la avenida. La tierra estaba totalmente disuelta.
  El jardín era un mar de barro; su fondo de cemento no deja filtrar el agua que cae incesante del cielo. Pensar que en tiempo pasados no había ningún problema: el agua era absorbida por toda la masa terrestre.
  Pero ahora estas malditas capas de material que fueron cubriendo una a una las civilizaciones no permitían tal comodidad.

lunes, 12 de marzo de 2012

Moscas bañadas en chocolate.


Ninguna posibilidad de confidencia,
lo se, lo se.
Nada absoluto,

Pero... esa palabra no traduce nada de este mundo.
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¿Cuál es el color de tu azul?
Me dijo,
Ninguna respuesta atrevería,
pienso.

El cuento de un solo lector,
creo,
se lee solo en un armario,
con la puerta abierta.

El cráneo lavado,
feliz,
como membranas amarillentas en los ojos,
nata irremovible.

¿Cuál es el color de tu azul?
respondo a todo,
Veden los rótulos del pasado,
creación de un humano.

Bailemos juntos en cubiles,
separados,
condenados a una eterna gordura,
por una dulce vida.




viernes, 2 de marzo de 2012

Nocturno.

  Me cuesta contemplar lo que está a mi alrededor. La repentina noche que cae sobre mí me deja cegado por unos instantes. El suelo está duro y helado, y el frío me hace doler los ojos.
  Puedo respirar; sí, me quiero concentrar sólo en eso.

  Tan blanca, pura, unas piernas largas y suaves. Un rostro que observa escondido, eso es ella. Su pasión, su falta de vergüenza, sus caprichos, un brillo de insensatez. No sé que es lo que me enloquece, pero pierdo la cordura. Unos ojos grandes...

"¡No...!" Pienso, y me golpeo una pierna con el puño cerrado, "no vale la pena". El recuerdo me hace doler el estómago. Me abrazo el torso y me acomodo en el cordón de la vereda. Un vapor blanco se deja entrever por la luz de la luna. La miro, miro mi aliento ascender y luego desaparecer en el aire.

   Intentando parecer distraído, acurrucado como un niño por dentro.
   Su sonrisa tan cerca mío, esperando mi reacción, y sus ojos blandos incitándome a perder el control. No puedo evitar besarla y dejar que nada exista, tan solo un par de labios en el cosmos.

  Me golpeo la cabeza con las dos manos; "No, no, no, no... Esto está mal, para que recordarla..."
  Y sí, para qué recordar, si la simple acción desencadena una y mil veces ese momento en mi cabeza, un momento que querría volver a intentar, anularlo, pero solo puedo pretender olvidarlo. "Imposible".

  Estoy sentado, ella de pie cerca mío. La imagen está congelada en mi mente; le pregunté si ella me quería como yo a ella. Ella va a decir que no. Como en un cuadro, donde se anticipa el hecho inminente, hay pena en su mirada, lástima por lo que tendrá que decir.
  Sus ojos me lo dicen, no necesito escucharla hablar, pero aún así, la dejo:
-No quiero estar con nadie en este momento.
  Cada vez es tan real...

  Sentado a la vereda de su puerta, solo puedo pensar en lo inocente que fui en creerme en una historia de Hollywood, que pudrió mi cerebro y me volvió un demente; un demente que no ve y juega su ultima mano de póker con los ojos cerrados.
-¿Sebas?
  Parada en la puerta, la luz de la entrada la ilumina, y es un hada. Me volteo y le sonrío.
-¿Qué haces todavía ahí? Perdoname, no se qué me pasó. Entrá.

  Quizás no es tan malo soñar de vez en cuando, quizás mi triste destino me haga un regalo. Sí, quizás estaba confundida, y ahora es mía, mi primer amor. El primer designio que me volvió humano, e hizo que el ser hombre sea una bendición, poder amar a una mujer más que al sol, me acerco a la puerta y ella me muestra una de sus sonrisas radiantes.
  Un escalofrío recorre mi cuerpo.

  Estaba sólo en alguna esquina de mi barrio.




jueves, 1 de marzo de 2012

El primer hombre

Y vi todas sus caras asombradas. Yo los miraba a ellos; con el cuello muy doblado me devolvían la mirada con unas bocas muy abiertas.
 Era el primer hombre en volar

martes, 28 de febrero de 2012

Hoy todo es una matriz.

En sus comienzos,
un mundo. 
Un mundo 
conformado por artesanos.

Todos tan audaces 
(la palabra artesano no existía)

Un día llegó de otro mundo un germen; 
un ser amorfo, visible y humilde:
el matricero.

Él lo hacía todo a mayor velocidad,
llegando a corromper a algunos artesanos.

Pasó mucho tiempo.
ya de esa vieja historia;
su mundo ha dejado de ser endémico,
hoy todo es una matriz.

lunes, 27 de febrero de 2012

Invitado a viajar

De repente, despertó.

  Justo, una estación antes de la que se tenía que bajar, un trayecto largo que aprovecharía para despejarse. Se le ocurrió mirar su reloj de muñeca. 18.30, no podía ser. Había hecho un viaje de 30 minutos... No, su reloj estaba descompuesto. Sí, eso debió ser.
  De cara a la ventanilla, se volvió para hablar con su acompañante de asiento que, raramente, era muy similar a su anterior acompañante;
- Disculpe, ¿Podría decirme la hora?
-Sí, cómo no. Las seis y media.
-Muchas gracias.
  No había dudas, había hecho el recorrido entero del tren, dos veces. Pero lo que le parecía imposible es que, ahora más despejado, podía reconocer a todas las personas, con sus respectivas posiciones, en el tren. Esas mísmas posiciones que ahora contemplaba, dos horas después, sin poder comprender.
  Se volvió otra vez a su acompañante, que era una mujer de unos cincuenta años de edad, con algunas arrugas, pero con la mirada cansada de la rutina.
-Disculpe, por casualidad ¿Usted se tomo este tren dos horas antes también?
  La mujer no se volvió para responderle al instante. Y cuando lo hizo, una mirada enferma le adornaba los ojos, una sonrisa ancha, desquiciada y con una voz, que no era la misma, respondió:
-Sí, todos. Estábamos esperando que despiertes; no queríamos darte el regalo mientras dormías.
  En ese instante, el tren descarriló en uno de los puentes por los que pasaba, precipitándose al lago que se encontraba debajo.
  En el ultimo instante nadie quedaba en el tren; solo él, y su suerte.



Sentados

Salí de mi trance en el colectivo, una mujer que había viajado todo el trayecto al lado mío me despejó al levantarse para darle el asiento a una mujer embarazada. al lado de ella habían dos ancianas y un hombre flaco y pequeño.
  Rápidamente me incorporé y le ofrecí mi asiento a una de las mujeres:
-Siéntese.
-No, gracias, quedate.
-No. Soy el que menos debería estar sentado.
-Todos no merecemos estar sentados, pero el colectivo es chico.

Ayer me partí las piernas frente al hospital de mi barrio.

 

Dos pies inmóviles

¿Me ayuda a levantar señor?
  Un hombre tirado, sin poder levantarse. Las personas en la estación de subte ignoraban su presencia. Pero más que eso, casi no lo veían, era apenas un vagabundo más o menos bien vestido.
¿Me ayuda a levantar señora?
  Hombres y mujeres corrían, los subtes llegaban y volvían a irse con una celeridad perturbadora. Miles de personas pasaban frente a el en tan solo diez minutos.
Hermano, ¿Querés ayudarme a poner de pie?
  El gentío se agolpaba en la puerta de los subtes, la que era empujada por los individuos que querían escapar de dentro, que se dirigían rápidamente a la salida, hacia la combinación con otro subte que los llevaría más lejos.
¿Alguien me da una mano?
  Alguien miró el reloj al pasar al lado suyo, otro le tiró una moneda. Alguien más apresuró el paso.
¿Nadie?


Aún sigue ahí, sentado, con las piernas débiles, contemplando la multitud.
  Que alguien lo vaya a levantar.