No quiero dar vuelta a la página,
tengo miedo,
me incomoda el roce del anillado en mi muñeca,
cuando levante el brazo me van a quedar marcas por unos minutos.
Tengo miedo a las marcas,
Estoy acostado y unos almohadones me hacen sombra a la luz que ilumina mi cuaderno,
una sombra como manto que me protege,
no me muevo mucho,
los almohadones son poco estables.
Tengo miedo a que caigan.
Escucho un CD de música,
lo deseo, recuerdo las canciones,
la tapa del disco, el lomo.
Tengo miedo de que termine.
Uso pantalones largos,
dejo quietas mis piernas,
no sea cosa que se deslice y empiece a sentir frío.
Y luego comience el lento juego de bajarlos hasta los tobillos.
Tengo miedo a que se remanguen mis pantalones.
Te veo perdida y alienada,
te vendieron un juguete y un departamento de un ambiente.
Te veo jugar en un rincón, sola, hablando con tus supuestos dioses.
Tengo miedo al mundo.
miércoles, 18 de abril de 2012
sábado, 14 de abril de 2012
Tetas
Una teta amamantando no es una teta;
como billetes tomados del piso que no nos dan culpa,
como niños desnudos sin sexo,
la palidez del primer miedo.
No, una teta amamantando no es una teta;
como el empleado leal despedido por llegar tarde,
como el tropiezo a las vías del tren,
y la vergüenza de la sangre por arder.
Una teta amamantando no es una teta,
como asesino que reparte extremidades a pobres amputados,
como un baso medio lleno,
y un codo inquieto.
Una teta amamantando no es una teta.
No, no es.
No.
Tengo sed...
como billetes tomados del piso que no nos dan culpa,
como niños desnudos sin sexo,
la palidez del primer miedo.
No, una teta amamantando no es una teta;
como el empleado leal despedido por llegar tarde,
como el tropiezo a las vías del tren,
y la vergüenza de la sangre por arder.
Una teta amamantando no es una teta,
como asesino que reparte extremidades a pobres amputados,
como un baso medio lleno,
y un codo inquieto.
Una teta amamantando no es una teta.
No, no es.
No.
Tengo sed...
jueves, 12 de abril de 2012
¡Oh, Mefistófeles!
Arrastrate sobre las lijas,
acariciá las espinas con tus párpados,
y tragate a Mefistófeles por mí.
Hacelo por mí.
Poné tu mirada en el vacío de un precipicio,
acariciá tu garganta con el filo de un cuchillo,
y tragate a Mefistófeles por mí.
Hacelo por mí,
como un aperitivo,
por mí.
Enterrá la cabeza entre los escombros,
perforate los tímpanos con el sonido de los mosquitos,
y tragate a Mefistófeles por mí.
Hacelo por mí,
como un aperitivo,
por mí,
sintiendo su gusto,
por mí.
Abrazá el rojo hierro del alto horno,
mordete la lengua hasta sangrar,
y tragate a Mefistófeles por mí.
Hacelo por mí,
como un aperitivo,
por mí,
sintiendo su gusto,
por mí,
sin pensar en tu garganta reseca,
por mí.
acariciá las espinas con tus párpados,
y tragate a Mefistófeles por mí.
Hacelo por mí.
Poné tu mirada en el vacío de un precipicio,
acariciá tu garganta con el filo de un cuchillo,
y tragate a Mefistófeles por mí.
Hacelo por mí,
como un aperitivo,
por mí.
Enterrá la cabeza entre los escombros,
perforate los tímpanos con el sonido de los mosquitos,
y tragate a Mefistófeles por mí.
Hacelo por mí,
como un aperitivo,
por mí,
sintiendo su gusto,
por mí.
Abrazá el rojo hierro del alto horno,
mordete la lengua hasta sangrar,
y tragate a Mefistófeles por mí.
Hacelo por mí,
como un aperitivo,
por mí,
sintiendo su gusto,
por mí,
sin pensar en tu garganta reseca,
por mí.
jueves, 5 de abril de 2012
Dínamo
Solo digo que habría que matarnos los unos a los otros,
dejarnos escapar,
entre miradas.
Si chasqueo los dedos,
es magia en el mundo del silencio.
Sin embargo los ciegos,
ciegos son.
La birome rasga la cáscara de mi cordura,
pero si no la tomo también deseo volverme loco.
Vamos a ver un show de trucos;
es una taza girando en el microondas,
naranjas apiladas en un negocio,
una hormiga llevando una hoja.
No acaricien mi piel;
las mejores caricias entierran sus garras en mi carne:
sólo así...
No digan palabras dulces;
hundanse en mi garganta:
sólo así...
Mi niño radical murió antes de saber que lo era,
mirá; comamos el vómito televisivo,
después volvamos a la normalidad,
sinónimo de superficialidad,
o locura anestesiada.
dejarnos escapar,
entre miradas.
Si chasqueo los dedos,
es magia en el mundo del silencio.
Sin embargo los ciegos,
ciegos son.
La birome rasga la cáscara de mi cordura,
pero si no la tomo también deseo volverme loco.
Vamos a ver un show de trucos;
es una taza girando en el microondas,
naranjas apiladas en un negocio,
una hormiga llevando una hoja.
No acaricien mi piel;
las mejores caricias entierran sus garras en mi carne:
sólo así...
No digan palabras dulces;
hundanse en mi garganta:
sólo así...
Mi niño radical murió antes de saber que lo era,
mirá; comamos el vómito televisivo,
después volvamos a la normalidad,
sinónimo de superficialidad,
o locura anestesiada.
domingo, 1 de abril de 2012
Paisaje
Te veo en el brillo de un frasco,
tu alma, esencia.
Yo estuve en tu casa,
y vos te ibas en una música.
Estoy obligado a verte,
en el lago de mi techo.
Yo acaricié tu piel,
cuando te perdías en un sueño.
Me encuentro en mi cama,
y no quiero hacer más nada.
Yo pensé en vos,
mientras jugabas en el jardín.
Ahora estás frente a mí, conmigo,
no se que hacer con este paisaje.
Yo te contemplé,
yo vos esperabas que te tome.
tu alma, esencia.
Yo estuve en tu casa,
y vos te ibas en una música.
Estoy obligado a verte,
en el lago de mi techo.
Yo acaricié tu piel,
cuando te perdías en un sueño.
Me encuentro en mi cama,
y no quiero hacer más nada.
Yo pensé en vos,
mientras jugabas en el jardín.
Ahora estás frente a mí, conmigo,
no se que hacer con este paisaje.
Yo te contemplé,
yo vos esperabas que te tome.
martes, 20 de marzo de 2012
Sé que no es eso
Todos desaparecieron, como si en medio de sus acciones hubiesen decidido echarse a volar lejos y hacerse invisibles.
Sin embargo un hombre sigue aquí, en el mundo desierto, en su cocina, mirando los platos sin lavar en la mesada.
Siente ganas de orinar. Se levanta del banco donde está sentado y se dirige al baño; toca a la puerta y entra.
Sin embargo un hombre sigue aquí, en el mundo desierto, en su cocina, mirando los platos sin lavar en la mesada.
Siente ganas de orinar. Se levanta del banco donde está sentado y se dirige al baño; toca a la puerta y entra.
Es más que éso
Llovía. Llovía incansablemente. Las plantas se desprendían del suelo blando e iban a para a la avenida. La tierra estaba totalmente disuelta.
El jardín era un mar de barro; su fondo de cemento no deja filtrar el agua que cae incesante del cielo. Pensar que en tiempo pasados no había ningún problema: el agua era absorbida por toda la masa terrestre.
Pero ahora estas malditas capas de material que fueron cubriendo una a una las civilizaciones no permitían tal comodidad.
El jardín era un mar de barro; su fondo de cemento no deja filtrar el agua que cae incesante del cielo. Pensar que en tiempo pasados no había ningún problema: el agua era absorbida por toda la masa terrestre.
Pero ahora estas malditas capas de material que fueron cubriendo una a una las civilizaciones no permitían tal comodidad.
lunes, 12 de marzo de 2012
Moscas bañadas en chocolate.
Ninguna posibilidad de confidencia,
lo se, lo se.
Nada absoluto,
Pero... esa palabra no traduce nada de este mundo.
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¿Cuál es el color de tu azul?
Me dijo,
Ninguna respuesta atrevería,
pienso.
El cuento de un solo lector,
creo,
se lee solo en un armario,
con la puerta abierta.
El cráneo lavado,
feliz,
como membranas amarillentas en los ojos,
nata irremovible.
¿Cuál es el color de tu azul?
respondo a todo,
Veden los rótulos del pasado,
creación de un humano.
Bailemos juntos en cubiles,
separados,
condenados a una eterna gordura,
por una dulce vida.
viernes, 2 de marzo de 2012
Nocturno.
Me cuesta contemplar lo que está a mi alrededor. La repentina noche que cae sobre mí me deja cegado por unos instantes. El suelo está duro y helado, y el frío me hace doler los ojos.
Puedo respirar; sí, me quiero concentrar sólo en eso.
Tan blanca, pura, unas piernas largas y suaves. Un rostro que observa escondido, eso es ella. Su pasión, su falta de vergüenza, sus caprichos, un brillo de insensatez. No sé que es lo que me enloquece, pero pierdo la cordura. Unos ojos grandes...
"¡No...!" Pienso, y me golpeo una pierna con el puño cerrado, "no vale la pena". El recuerdo me hace doler el estómago. Me abrazo el torso y me acomodo en el cordón de la vereda. Un vapor blanco se deja entrever por la luz de la luna. La miro, miro mi aliento ascender y luego desaparecer en el aire.
Intentando parecer distraído, acurrucado como un niño por dentro.
Su sonrisa tan cerca mío, esperando mi reacción, y sus ojos blandos incitándome a perder el control. No puedo evitar besarla y dejar que nada exista, tan solo un par de labios en el cosmos.
Me golpeo la cabeza con las dos manos; "No, no, no, no... Esto está mal, para que recordarla..."
Y sí, para qué recordar, si la simple acción desencadena una y mil veces ese momento en mi cabeza, un momento que querría volver a intentar, anularlo, pero solo puedo pretender olvidarlo. "Imposible".
Estoy sentado, ella de pie cerca mío. La imagen está congelada en mi mente; le pregunté si ella me quería como yo a ella. Ella va a decir que no. Como en un cuadro, donde se anticipa el hecho inminente, hay pena en su mirada, lástima por lo que tendrá que decir.
Sus ojos me lo dicen, no necesito escucharla hablar, pero aún así, la dejo:
-No quiero estar con nadie en este momento.
Cada vez es tan real...
Sentado a la vereda de su puerta, solo puedo pensar en lo inocente que fui en creerme en una historia de Hollywood, que pudrió mi cerebro y me volvió un demente; un demente que no ve y juega su ultima mano de póker con los ojos cerrados.
-¿Sebas?
Parada en la puerta, la luz de la entrada la ilumina, y es un hada. Me volteo y le sonrío.
-¿Qué haces todavía ahí? Perdoname, no se qué me pasó. Entrá.
Quizás no es tan malo soñar de vez en cuando, quizás mi triste destino me haga un regalo. Sí, quizás estaba confundida, y ahora es mía, mi primer amor. El primer designio que me volvió humano, e hizo que el ser hombre sea una bendición, poder amar a una mujer más que al sol, me acerco a la puerta y ella me muestra una de sus sonrisas radiantes.
Un escalofrío recorre mi cuerpo.
Estaba sólo en alguna esquina de mi barrio.
Puedo respirar; sí, me quiero concentrar sólo en eso.
Tan blanca, pura, unas piernas largas y suaves. Un rostro que observa escondido, eso es ella. Su pasión, su falta de vergüenza, sus caprichos, un brillo de insensatez. No sé que es lo que me enloquece, pero pierdo la cordura. Unos ojos grandes...
"¡No...!" Pienso, y me golpeo una pierna con el puño cerrado, "no vale la pena". El recuerdo me hace doler el estómago. Me abrazo el torso y me acomodo en el cordón de la vereda. Un vapor blanco se deja entrever por la luz de la luna. La miro, miro mi aliento ascender y luego desaparecer en el aire.
Intentando parecer distraído, acurrucado como un niño por dentro.
Su sonrisa tan cerca mío, esperando mi reacción, y sus ojos blandos incitándome a perder el control. No puedo evitar besarla y dejar que nada exista, tan solo un par de labios en el cosmos.
Me golpeo la cabeza con las dos manos; "No, no, no, no... Esto está mal, para que recordarla..."
Y sí, para qué recordar, si la simple acción desencadena una y mil veces ese momento en mi cabeza, un momento que querría volver a intentar, anularlo, pero solo puedo pretender olvidarlo. "Imposible".
Estoy sentado, ella de pie cerca mío. La imagen está congelada en mi mente; le pregunté si ella me quería como yo a ella. Ella va a decir que no. Como en un cuadro, donde se anticipa el hecho inminente, hay pena en su mirada, lástima por lo que tendrá que decir.
Sus ojos me lo dicen, no necesito escucharla hablar, pero aún así, la dejo:
-No quiero estar con nadie en este momento.
Cada vez es tan real...
Sentado a la vereda de su puerta, solo puedo pensar en lo inocente que fui en creerme en una historia de Hollywood, que pudrió mi cerebro y me volvió un demente; un demente que no ve y juega su ultima mano de póker con los ojos cerrados.
-¿Sebas?
Parada en la puerta, la luz de la entrada la ilumina, y es un hada. Me volteo y le sonrío.
-¿Qué haces todavía ahí? Perdoname, no se qué me pasó. Entrá.
Quizás no es tan malo soñar de vez en cuando, quizás mi triste destino me haga un regalo. Sí, quizás estaba confundida, y ahora es mía, mi primer amor. El primer designio que me volvió humano, e hizo que el ser hombre sea una bendición, poder amar a una mujer más que al sol, me acerco a la puerta y ella me muestra una de sus sonrisas radiantes.
Un escalofrío recorre mi cuerpo.
Estaba sólo en alguna esquina de mi barrio.
jueves, 1 de marzo de 2012
El primer hombre
Y vi todas sus caras asombradas. Yo los miraba a ellos; con el cuello muy doblado me devolvían la mirada con unas bocas muy abiertas.
Era el primer hombre en volar
Era el primer hombre en volar
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